L´OSSERVATORE ROMANO N° 23 (06 DE JUNIO DE 2010)

"NUNCA HAY TANTO AMOR EN LA TIERRA QUE CUANDO UN SACERDOTE CELEBRA LA EUCARISTÍA"



- El amor divino es lo que transforma. Es el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y cambia sus sustancia en el Cuerpo y la Sangre del Señor.



- Todos nos alimentamos de la misma Eucaristía; nos postramos para adorarla porque en ella está presente nuestro Maestro y Señor, el verdadero Cuerpo de Jesús Víctima y Sacerdote, salvación del mundo.



BENEDICTO XVI







martes, 2 de agosto de 2011

GRACIAS DIOS DE AMOR...

Son de esos momentos donde te das cuenta en verdad que Dios está allí, desde la cotidiana expresión de los jovenes que se saben alegres y animados de reunirse para no solo encontrarse sino "encontrarle".

Yo le he visto en estos tres días y agradecido estoy porque sé que Dios lo tenía preparado para mí, el sentimiento que recoge mi corazón es similar a aquel gozo de hace dieciseis años, un mes y ventitres días cuando me llamó para entablar amistad con él y llamarme a ser su sacerdote.

Puedo decirles que el redescubrimiento del bautismo es posible porque posible es que el hombre  se encuentre con su Dios. Este amor que siento por él en sus hijos me hace amar y querer más a su Santa Iglesia, al sacerdocio que me ha regalado y a las personas que me ha encomendado.

 La oración en la Eucaristía es preciosa, como preciosas son las palabras que me concede decir cada día, saber que él está en mí y que desde mí otros le escuchan decir "esto es mi cuerpo", "esta es mi sangre". Qué precioso amor cuando llega limpio al corazón.

Te buscaba fuera y estabas dentro de mí, tu amistad ha hecho posible alegrarme en estos días, sígueme enseñando que puedo seguir amando hasta hacer que mi vida sea el signo de que "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos".

 Porque siendo tú mi amigo has estado todos los días conmigo, me has cuidado y me has querido, me has rodeado de tu amor en estos a quienes amo y aprecio porque eres tú mismo a quien amo y aprecio. Siento que descubro cada día que pasa que en verdad el sacerdocio no es una renuncia sino es plenitud, no es abandono sino es compañía, no es soledad sino llenura de tu pensamiento.

 Solo te pido que cada vez que mi corazón late sepa decirte que te amo y que procuraré hacerlo todos los días en aquellos a quienes me has dado. Que ellos te vean a ti para que cuando llegue el día se queden contigo y me vaya yo a donde quieras enviarme.

 Prepara también mi pobre corazón a amarte solo a ti y a seguir dando a todos los que pongas delante de mí las mismas cosas que recibo de ti.

 Gracias Dios por estos días, gracias Dios por seguir haciendo mi vida De Colores, gracias Dios porque tú me los das aunque no lo merezco, gracias porque puedo seguir contando contando contigo y aunque lejos esté alguna vez de ellos en tu presencia estarán cerca.

 Gracias Dios mío por tanto amor. Gloria a ti Señor. único y eterno Dios.

 Y Cuenta también conmigo...

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