L´OSSERVATORE ROMANO N° 23 (06 DE JUNIO DE 2010)

"NUNCA HAY TANTO AMOR EN LA TIERRA QUE CUANDO UN SACERDOTE CELEBRA LA EUCARISTÍA"



- El amor divino es lo que transforma. Es el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y cambia sus sustancia en el Cuerpo y la Sangre del Señor.



- Todos nos alimentamos de la misma Eucaristía; nos postramos para adorarla porque en ella está presente nuestro Maestro y Señor, el verdadero Cuerpo de Jesús Víctima y Sacerdote, salvación del mundo.



BENEDICTO XVI







martes, 10 de setiembre de 2013

PAPA FRANCISCO EN SANTA MARTA

Jesús es la esperanza

Dan tristeza esos sacerdotes que han perdido la esperanza. Por esto el Papa Francisco, en la misa que celebró en la mañana de este lunes, 9 de septiembre, en Santa Marta, dirigió a los sacerdotes presentes la invitación a cultivar esta virtud “que para los cristianos tiene el nombre de Jesús”. “Veo a muchos sacerdotes hoy aquí -dijo- y me surge deciros algo: es un poco triste cuando uno encuentra a un sacerdote sin esperanza, sin esa pasión que da la esperanza; y es muy bello cuando uno encuentra a un sacerdote que llega al final de su vida siempre con esa esperanza, no con el optimismo, sino con la esperanza, sembrando esperanza”. Porque quiere decir -añadió- que “este sacerdote está apegado a Jesucristo. Y el pueblo de Dios tiene necesidad de que nosotros, sacerdotes, demos esta esperanza en Jesús, que rehace todo, es capaz de rehacer todo y está rehaciendo todo: en cada Eucaristía Él rehace la creación, en cada acto de caridad Él rehace su amor en nosotros”.
El Pontífice habló de la esperanza vinculando la reflexión del día con la de los precedentes, durante los cuales había propuesto a Jesús como la totalidad, el centro de la vida del cristiano, el único esposo de la Iglesia. Hoy se detuvo en el concepto expresado en la Carta de San Pablo a los Colosenses (1, 24-2, 3): Jesús “misterio, misterio escondido, Dios”. Un misterio, el de Dios, que “se ha mostrado en Jesús” que es “nuestra esperanza: es el todo, es el centro y es también nuestra esperanza”.
Pero lamentablemente -observó el obispo de Roma- la “esperanza es una virtud” considerada “habitualmente de segunda clase. No creemos mucho en la esperanza: hablamos de la fe y de la caridad, pero la esperanza es un poco, como decía un escritor francés, la virtud humilde, la sierva de las virtudes; y no la comprendemos bien”.
El optimismo -explicó- es una actitud humana que depende de muchas cosas; pero la esperanza es otra cosa: “es un don, es un regalo del Espíritu Santo y por esto Pablo dirá que no decepciona jamás”. Y también tiene un nombre. Y “este nombre es Jesús”: no se puede decir que se espera en la vida si no se espera en Jesús. “No se trataría de esperanza -precisó-, sino de buen humor, optimismo, como en el caso de las personas positivas, que ven siempre el vaso medio lleno y nunca medio vacío”.
Una confirmación de este concepto la indicó el Papa en el pasaje del Evangelio de Lucas (6, 6-11), en la referencia al tema de la libertad. El relato de Lucas sitúa ante los ojos una doble esclavitud: la del hombre “con la mano paralizada, esclavo de su enfermedad” y la “de los fariseos, los escribas, esclavos de sus actitudes rígidas, legalistas”. Jesús “libera a ambos: hace ver a los rígidos que aquella no es la vía de la libertad; y al hombre de la mano paralizada le libera de la enfermedad”. ¿Qué quiere demostrar? Que “libertad y esperanza van juntas: donde no hay esperanza, no puede haber libertad”.
Con todo la verdadera enseñanza de la liturgia del día es que Jesús “no es un sanador, es un hombre que recrea la existencia. Y esto -subrayó el Santo Padre- nos da esperanza, porque Jesús ha venido precisamente para este gran milagro, para recrear todo”. Tanto que la Iglesia, en una bellísima oración, dice: “Tú, Señor, que has sido tan grande, tan maravilloso en la creación, pero más maravilloso en la redención...”. Así que, como añadió el Papa, “la gran maravilla es la gran reforma de Jesús. Y esto nos da esperanza: Jesús que recrea todo”. Y cuando “nos unimos a Jesús en su pasión -concluyó- con Él rehacemos el mundo, lo hacemos nuevo”.

jueves, 1 de agosto de 2013

EL PAPA PIDE A LOS JESUITAS QUE NO VAYAN POR «CAMINOS PARALELOS Y A SEGUIR A CRISTO EN LA IGLESIA»

popemass

El Papa Francisco ha pedido a los jesuitas que no vayan por caminos “paralelos” y que sientan “vergüenza” de sus límites y pecados para ser humildes, durante la celebración este miércoles de una misa privada en la Iglesia romana del Gesú con motivo de la festividad de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, orden a la que él también pertenece.
Junto al Pontífice, han concelebrado el secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Luis Ladaria, el Padre general de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, miembros del Consejo y más de doscientos jesuitas, según ha informado la Oficina de Prensa del Vaticano.
En su homilía, el Papa ha propuesto una reflexión basada en tres conceptos: poner en el centro a Cristo y a la Iglesia; dejarse conquistar por Él para servir; y sentir la vergüenza de los límites y pecados para ser humildes ante él y ante los hermanos.
Concretamente, ha destacado la importancia de estar “radicados y fundados en la Iglesia”. “No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí caminos de búsqueda, caminos creativos, sí, es importante; ir hacia las periferias, pero siempre en comunidad con la Iglesia“.
“Nuestro lema, el de los jesuítas, ´Iesus Hominum Salvator´ –ha explicado– nos recuerda constantemente una realidad que no debemos olvidar nunca: la centralidad de Cristo para cada uno de nosotros y para toda la Compañía que San Ignacio quiso que se llamase ´de Jesús´ para indicar el punto de referencia”.
Este hecho, según ha apuntado, llama a los jesuitas y a toda la Compañía a ser “descentrados” para que Cristo y la Iglesia, que “no pueden separarse”, sean el centro. “Yo no puedo seguir a Cristo si no en la Iglesia y con la Iglesia”, ha subrayado.
El camino para vivir esta centralidad doble es, según ha precisado, dejarse conquistar por Cristo e imitarlo incluso aunque se tenga que soportar “injurias, desprecio, pobreza”. En este punto, el Papa ha recordado al jesuita Paolo dell´Oglio, desaparecido en Siria desde hace días.
Además, se ha referido a la “vergüenza” para subrayar que no hay que avergonzarse “nunca” de Jesús pero sí “sentir vergüenza de no estar a la altura”, de ser “inadecuados”, para así poder vivir con humildad.
“Humildad que nos lleva a ponernos a nosotros mismos no a nuestro servicio personal o al servicio de nuestras ideas, sino al servicio de Cristo y de la Iglesia, como vasijas de barro, frágiles, inadecuadas, insuficientes, pero con un inmenso tesoro que llevamos y comunicamos”, ha explicado.
Por otra parte, el Papa ha apuntado que, “cuando un jesuita termina su vida”, le vienen a la mente dos imágenes: la de san Francisco Javier, mirando a China, y la de el padre Arrupe, en su última conversación en el campo de refugiados. Y ha apuntado que observar y recordar estas dos imágenes hará bien a todos.
Al final de la Misa, el Papa ha rezado ante el altar de la capilla de San Ignacio y de San Francisco Javier, en la capilla de Virgen de la Calle y ante la tumba del Padre Pedro Arrupe. A la salida, Francisco ha sido recibido por cientos de personas que querían saludarle y que han esperado hasta el final de la celebración para poder hacerlo.
Publicamos a continuación la homilía íntegra del santo padre:
En esta eucaristía en la que celebramos a nuestro padre Ignacio de Loyola, a la luz de las lecturas que hemos escuchado, quisiera proponer tres sencillos pensamientos guiados por tres expresiones: poner en el centro a Cristo y a la Iglesia; dejarse conquistar por Él para servir, sentir la vergüenza de nuestros límites y pecados, para ser humildes delante de Él y los hermanos.
Nuestro lema, el de los jesuitas, “Iesus Hominum Salvator” (IHS). Cualquiera de vosotros podría decirme: “¡lo sabemos muy bien!” Pero este lema nos recuerda constantemente una realidad que no debemos olvidar nunca: la centralidad de Cristo para cada uno de nosotros y para toda la Compañía que San Ignacio quiso que se llamase “de Jesús” para indicar el punto de referencia. También al inicio de los Ejercicios Espirituales, nos pone de frente a nuestro Señor Jesucristo, a nuestro Creador y Salvador (cfr EE, 6). Y esto nos lleva a nosotros, los jesuitas y a toda la Compañía a ser “descentrados”, a tener siempre delante a “Cristo siempre mayor”, el ” Deus semper maior “, el “intimior intimo meo”, que nos lleva continuamente fuera de nosotros mismo, nos lleva a una cierta kenosis, a “salir del propio amor, querer e intereses” (EE, 189). No es descontada la pregunta para nosotros, para todos nosotros: ¿es Cristo el centro de mi vida? ¿Pongo realmente a Cristo en el centro de mi vida? Porque siempre está la tentación de pensar estar nosotros al centro. Y cuando un jesuita pone a sí mismo al centro y no a Cristo, se equivoca. En la primera lectura, Moisés repite con insistencia al pueblo amar al Señor, caminar por sus vías, “porque es Él tu vida” (cfr Dt 30, 16.20). ¡Cristo es nuestra vida! A la centralidad de Cristo corresponde también la centralidad de la Iglesia: son dos fuegos que no pueden separarse: yo no puedo seguir a Cristo si no en la Iglesia y con la Iglesia. Y también en este caso, nosotros los jesuitas y toda la Compañía, estamos por decirlo así “desplazados”, estamos al servicio de Cristo y de la Iglesia, la Esposa de Cristo nuestro Señor, que es nuestra Santa Madre Iglesia Jerárquica (cfr EE, 353). Ser hombres radicados y fundados en la Iglesia: así nos quiere Jesús. No puede haber caminos paralelos o aislados. Sí, caminos de búsqueda, caminos creativos, sí, es importante; ir hacia las periferias. Para esto es necesaria creatividad, pero siempre en comunidad, en la Iglesia, con esta pertenencia que nos da la valentía de ir adelante. Servir a Cristo es amar esta Iglesia concreta y servirla con generosidad y espíritu de obediencia.
2. ¿Cuál es el camino para vivir esta doble centralidad? Miramos a la experiencia de san Pablo, que es también la experiencia de san Ignacio. El apóstol, en la segunda lectura que hemos escuchado, escribe: mi esfuerzo por correr hacia la perfección de Cristo, “habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús”.(Fil 3,12). Para Pablo sucedió camino de Damasco, para Ignacio en su casa de Loyola, pero el punto fundamental es común: dejarse conquistar por Cristo. Yo busco a Jesús, yo sirvo a Jesús porque Él me ha buscado primero, porque he sido conquistado por Él: y esto es el corazón de nuestra experiencia. Pero Él está primero, siempre. En español hay una palabra que es muy gráfica, que lo explica muy bien: Él nos “primerea”. Está primero siempre. Cuando nosotros llegamos, Él ha llegado y nos espera. Y aquí quisiera llamar a la meditación sobre el Reino en la Segunda Semana. Cristo nuestro Señor, Rey eterno, llama a cada uno de nosotros diciéndonos: “quien quiera venir conmigo debe trabajar conmigo, para que siguiéndome en el sufrimiento, me siga también en la gloria (EE, 95): Ser conquistado por Cristo para ofrecer a este Rey toda nuestra persona y todas nuestras fatigas (cfr EE, 96); decir al Señor querer hacer todo por su mayor servicio y alabanza, imitarlo en el aguantar también injurias, desprecio, pobreza (cfr EE, 98). Pero pienso en nuestro hermano en Siria en este momento. Dejarse conquistar por Cristo significa estar siempre dirigido hacia lo que tengo de frente, hacia la meta de Cristo (cfr Fil 3,14) y preguntarse con verdad y sinceridad: ¿qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo? (cfr EE, 53).
3. Y voy al último punto. En el Evangelio Jesús nos dice: “quien quiera salvar la propia vida la perderá, pero quien pierda su vida por mi, la salvará…quién se avergüence de mi” (Lc 9, 23). Y así. La vergüenza del jesuita. La invitación que hace Jesús es la de no avergonzarse nunca de Él, sino de seguirle siempre con total dedicación, fiándose y confiando en Él.
Mirando a Jesús, como San Ignacio nos enseña en la Primera Semana, sobre todo mirando a Cristo crucificado, sentimos esa sensación tan humana y tan noble que es la vergüenza de no estar a la altura. Miramos a la sabiduría de Cristo y a nuestra ignorancia, a su omnipotencia y a nuestra debilidad, a su justicia y a nuestra iniquidad, a su bondad y a nuestra maldad (cfr EE, 59). Pedir la gracia de la vergüenza; vergüenza que viene del continuo coloquio de misericordia con Él; vergüenza que nos hace sonrojarnos delante de Jesucristo; vergüenza que nos pone en sintonía con el corazón de Cristo que se ha hecho pecado por mí; vergüenza que pone en armonía nuestro corazón en las lágrimas y nos acompaña en la secuela cotidiana de “mi Señor”. Y esto nos lleva siempre, a cada uno por separado y como compañía, a la humildad, a vivir esta gran virtud. Humildad que nos hace conscientes todos los días de que no somos nosotros los que tenemos que construir el Reino de Dios, sino que es siempre la gracia del Señor que obra en nosotros; la humildad que nos lleva a ponernos a nosotros mismos no a nuestro servicio personal o al servicio de nuestras ideas, sino al servicio de Cristo y de la Iglesia, como vasijas de barro, frágiles, inadecuadas, insuficientes, pero con un inmenso tesoro que llevamos y comunicamos (2 Cor 4,7). A mí siempre me ha gustado pensar en el ocaso del jesuita, cuando un jesuita termina su vida, cuando tramonta. A mí me viene siempre dos imágenes de este atardecer del jesuita; una clásica, la de san Francisco Javier, mirando a China. El arte ha pintado muchas veces este tramonto, este final de Javier. También la literatura, en ese bonito fragmento de Pemán. Al final, sin nada, pero delante del Señor; esto me hace bien, pensar esto. El otro tramonto, la otra imagen que me viene como ejemplo, es el de padre Arrupe en su última conversación en el campo de refugiados cuando nos había dicho – algo que el mismo decía – “esto lo digo como si fuese mi canto de cisne: rezad”. La oración, la unión con Jesús. Y después de decir esto, cogió el avión, llegó a Roma con el ictus, que dio inicio a aquel atardecer tan largo y tan ejemplar. Dos imágenes que a todos nos hará bien observar y recordar. Pedir la gracia que nuestro atardecer sea como el de ellos.
Queridos hermanos, dirijámonos a Nuestra Señora, Ella que ha llevado a Cristo en su vientre y ha acompañado en los primeros pasos de la Iglesia, nos ayude a poner siempre al centro de nuestra vida y de nuestro ministerio a Cristo y a su Iglesia; Ella que ha sido la primera y más perfecta discípula de su Hijo, nos ayude a dejarnos conquistar por Cristo para seguirlo y servirlo en cada situación; Ella que ha respondido con la más profunda humildad al anuncio del Ángel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), nos haga sentir vergüenza por ser inadecuados para el tesoro que nos ha sido confiado, para vivir la humildad ante Dios. Que acompañe nuestro camino la intercesión paternal de San Ignacio y de todos los santos jesuitas, que siguen enseñarnos cómo hacer todo, con humildad, ad maiorem Dei gloriam.

martes, 9 de octubre de 2012

EN EL INICIO DEL AÑO DE LA FE


VATICANO, 05 Oct. 12 / 03:58 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Benedicto XVI ha decidido conceder a los fieles la indulgencia plenaria con motivo del Año de la Fe que se podrá obtener desde el día de su inicio, 11 de octubre de 2012, hasta el mismo día de su clausura, el 24 de noviembre de 2013.

Así lo estipula el decreto dado a conocer hoy que está firmado por el Cardenal Manuel Monteiro de Castro y por el Obispo Krzysztof Nykiel, respectivamente Penitenciario Mayor y Regente de la Penitenciaría Apostólica.

El texto señala que durante todo el arco del Año de la Fe, obtendrán la indulgencia plenaria "de la pena temporal por los propios pecados impartida por la misericordia de Dios, aplicable en sufragio de las almas de los fieles difuntos, todos los fieles verdaderamente arrepentidos, debidamente confesados, que hayan comulgado sacramentalmente y que recen según las oraciones del pontífice".

Lo podrán hacer en cualquier de los siguientes cuatro casos:

- Cada vez que participen al menos en tres momentos de predicación durante las Sagradas Misiones, o al menos, en tres lecciones sobre los Actos del Concilio Vaticano II y sobre los artículos del Catecismo de la Iglesia en cualquier iglesia o lugar idóneo.

- Cada vez que visiten en peregrinación una basílica papal, una catacumba cristiana o un lugar sagrado designado por el Ordinario del lugar para el Año de la Fe (por ejemplo basílicas menores, santuarios marianos o de los apóstoles y patronos) y participen en una ceremonia sacra o, al menos, se recojan durante un tiempo en meditación y concluyan con el rezo del Padre nuestro, la Profesión de fe en cualquier forma legítima (el Credo), las invocaciones a la Virgen María y, según el caso, a los santos apóstoles o patronos.

- Cada vez que en los días determinados por el Ordinario (Obispo) del lugar para el Año de la Fe, participen en cualquier lugar sagrado en una solemne celebración eucarística o en la liturgia de las horas, añadiendo la Profesión de fe en cualquier forma legítima.

- Un día, elegido libremente, durante el Año de la Fe, para visitar el baptisterio o cualquier otro lugar donde recibieron el sacramento del Bautismo, si renuevan las promesas bautismales de cualquier forma legítima.

El decreto explica que el Papa ha decidido establecer el Año de la Fe y conceder la indulgencia plenaria en ocasión del 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. Este año estará "particularmente dedicado a la profesión de la fe verdadera y a su recta interpretación, con la lectura o, mejor, la piadosa meditación de los Actos del Concilio y de los artículos del Catecismo de la Iglesia Católica".

Explica además que "ya que se trata, ante todo, de desarrollar en grado sumo –por cuanto sea posible en esta tierra– la santidad de vida y de obtener, por lo tanto, en el grado más alto la pureza del alma, será muy útil el gran don de las indulgencias que la Iglesia, en virtud del poder conferido de Cristo, ofrece a cuantos que, con las debidas disposiciones, cumplen las prescripciones especiales para conseguirlas".

El decreto de la Penitenciaría Apostólica señala también que los obispos diocesanos o eparquiales y los que están equiparados a ellos por derecho, en los días oportunos o con ocasión de las celebraciones principales, podrán impartir la Bendición Papal con la Indulgencia plenaria a los fieles.

El documento concluye recordando que los fieles que "por enfermedad o justa causa" no puedan salir de casa o del lugar donde se encuentren, también podrán obtener la indulgencia plenaria.

Para ello deberán estar "unidos con el espíritu y el pensamiento a los fieles presentes, particularmente cuando las palabras del Sumo Pontífice o de los obispos diocesanos se transmitan por radio o televisión, (y) recen, allí donde se encuentren, el Padre nuestro, la Profesión de fe en cualquier forma legítima y otras oraciones conformes a la finalidad del Año de la Fe ofreciendo sus sufrimientos o los problemas de su vida".

domingo, 27 de mayo de 2012

ESTE FUEGO EN LOS CURSILLOS SE LLAMA "AMISTAD"

En muchos lugares del mundo se ha recordado al Santo Espíritu del Señor, la promesa de Jesús al momento de la Ascención, aquel que nos descubrirá todo lo que Él nos ha enseñado, el que nos dirá todo lo que hemos de hacer.
En el transcurso de la Historia Sagrada los signos de su presencia han sido notorios, el Espíritu Santo ha dado muestras de su presencia entre los hombres: El nacimiento de la Iglesia, el impulso de los díscipulos, el crecimiento y expansión de los creyentes en Jesús, la unidad en la diversidad.
Ya con el paso del tiempo: la aparición de las órdenes religiosas que tanto bien le han hecho ala Iglesia en cada lugar donde han llegado (y siguen llegando aún), los dominicos, los franciscanos, los agustinos, etc., recordando a los de mayor historia.
Con el Concilio Vaticano II, este abrir las ventanas  para que la Iglesia se "refresque", hizo notar a los hombres del segundo y tercer milenio esta "caprichosa" presencia del Espíritu Santo: la aparición de los Carismas. Sabemos todos del impulso que nuestros Santos Padres han hecho de esta nueva ola de amor de Dios, esta inundación de gracia que millones de hombres y mujeres han recibido. Esta corriente que peregrina "desde la piel del hombre al interior de él" y no al revés, esta alegría que impacta porque es nueva, fresca y sincera.
Este Epíritu que peregrina por el mundo se ha presentado con muchos nombres, como lenguas de fuego diversas que se posaron en hombres concretos y desarrollaron una nueva forma de hablarles del mismo Dios cada uno con un lenguaje distinto. A los "Partos", "medos" y "elamitas"; habitantes de "Mesopotamia", "Judea", "Capadocia", "el Ponto", "Asia", "Frigia", "Panfilia", "Egipto", "la parte de Libia fronteriza con Cirene", "forasteros romanos", "judíos y prosélitos, "cretenses y árabes"; todos han oído en este tiempo,cada uno en su propia lengua "hablar de las maravillas de Dios".
Los apóstoles recibieron este fuego que enciende la llama del AMOR, y en los sucesivos tiempos hombres concretos también lo han acogido.
CURSILLOS DE CRISTIANDAD, es un nombre de este gracioso Espíritu Santo, que quiso hablarles a los hombres de nuestro siglo con un lenguaje sencillo, cotidiano y ágil. Y mejor apóstol se eligió para hacérnoslo llegar, si antes se posó en los apóstoles que convivieron con Jesús, hoy, el nombre de este apóstol es EDUARDO  BONNÍN AGUILÓ.
También él se cruzó por esta autopista por donde cruzan los cristianos, y también se topó con la elección para recibir "un encargo del Señor": EXPLICARLE A LOS HOMBRES TODO LO QUE JESÚS NOS HABÍA ENSEÑADO.
Cursillos de Cristiandad recorre los cinco continenetes con carta de ciudadanía, transmitiendo la mejor noticia "QUE DIOS EN CRISTO NOS AMA", a través del mejor medio que es "LA AMISTAD", a lo mejor de cada uno que es "SU SER PERSONA". Y en cada continente, cada uno en su propia lengua viene todavía escuchando hablar de las mismas MARAVILLAS DE DIOS. 
Allí donde te encuentres, allí donde estés leyendo este escrito, has de saber que este mundo se nos ha dado como tarea, haber vivido esta experiencia de los CURSILLOS DE CRISTIANDAD, nos dicen que los hombres quieren seguir escuchando que "la vida es bonita, la gente es importante y que vale la pena vivir", que hemos recogido en el Testamento Espiritual de Eduardo Bonnín una responsabilidad grande, que nuestro Santo Padre Benedicto XVI ( y antes Juan Pablo II ) no se cansan de pedir: CONOCER EL CARISMA Y LA VIDA DE SU FUNDADOR. Para obrar con fielidad, al Evangelio y al método de los Cursillos de Cristiandad; sabiendo que la centralidad del método esta en la persona y no en la estructura, y respetando las otras lenguas con las que el Espíritu sigue hablando a la Iglesia: LOS CARIMAS.
Hoy, en esta Solemnidad de Pentecostés, que mi voz se escuche en todas las lenguas....
DE COLORES !!!

martes, 2 de agosto de 2011

GRACIAS DIOS DE AMOR...

Son de esos momentos donde te das cuenta en verdad que Dios está allí, desde la cotidiana expresión de los jovenes que se saben alegres y animados de reunirse para no solo encontrarse sino "encontrarle".

Yo le he visto en estos tres días y agradecido estoy porque sé que Dios lo tenía preparado para mí, el sentimiento que recoge mi corazón es similar a aquel gozo de hace dieciseis años, un mes y ventitres días cuando me llamó para entablar amistad con él y llamarme a ser su sacerdote.

Puedo decirles que el redescubrimiento del bautismo es posible porque posible es que el hombre  se encuentre con su Dios. Este amor que siento por él en sus hijos me hace amar y querer más a su Santa Iglesia, al sacerdocio que me ha regalado y a las personas que me ha encomendado.

 La oración en la Eucaristía es preciosa, como preciosas son las palabras que me concede decir cada día, saber que él está en mí y que desde mí otros le escuchan decir "esto es mi cuerpo", "esta es mi sangre". Qué precioso amor cuando llega limpio al corazón.

Te buscaba fuera y estabas dentro de mí, tu amistad ha hecho posible alegrarme en estos días, sígueme enseñando que puedo seguir amando hasta hacer que mi vida sea el signo de que "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos".

 Porque siendo tú mi amigo has estado todos los días conmigo, me has cuidado y me has querido, me has rodeado de tu amor en estos a quienes amo y aprecio porque eres tú mismo a quien amo y aprecio. Siento que descubro cada día que pasa que en verdad el sacerdocio no es una renuncia sino es plenitud, no es abandono sino es compañía, no es soledad sino llenura de tu pensamiento.

 Solo te pido que cada vez que mi corazón late sepa decirte que te amo y que procuraré hacerlo todos los días en aquellos a quienes me has dado. Que ellos te vean a ti para que cuando llegue el día se queden contigo y me vaya yo a donde quieras enviarme.

 Prepara también mi pobre corazón a amarte solo a ti y a seguir dando a todos los que pongas delante de mí las mismas cosas que recibo de ti.

 Gracias Dios por estos días, gracias Dios por seguir haciendo mi vida De Colores, gracias Dios porque tú me los das aunque no lo merezco, gracias porque puedo seguir contando contando contigo y aunque lejos esté alguna vez de ellos en tu presencia estarán cerca.

 Gracias Dios mío por tanto amor. Gloria a ti Señor. único y eterno Dios.

 Y Cuenta también conmigo...

martes, 31 de mayo de 2011


OTRO DE LOS PROBLEMAS CAUSADOS POR LA DEFORESTACIÓN

domingo, 1 de mayo de 2011

JUAN PABLO II Y JUAN PEDRO

BEATIFICACIÓN DEL PAPA JUAN PABLO II

Hoy es un día de grande gozo para la Iglesia,
nuestro querido amigo Juan Pablo II es beatificado.
Y hay fiesta en todo el mundo por este magno acontecimiento.



Comparto esta alegría con ustedes con estas fotos
tomadas durante la visita
que hiciéramos al papa Juan Pablo II
en la clausura del Graan Jubileo de año 2000,
el mismo día en que retornábamos al Perú (19 enero de 2001)

ALTER CHRISTUS